La paz que viene de Cristo y de nuestro Padre Celestial.
Queridos Hermanos yo tengo un gran testimonio, acerca de la paz que viene de Jehová.
A pesar de encontrarme en una gran tribulación pues muchos de ustedes están enterados que el pasado 12 de diciembre del 2004 mi hija Mónica la más pequeña de mis hijos cuando estaba por cumplir 27 años sufrió un accidente, del cual no logro sobrevivir.
Para mi familia y para mi ha sido un golpe superior a nuestras fuerzas, es un dolor tan grande difícil de superar física y mentalmente, mi salud se ha afectado un poco; o sea toda mi vida a sufrido un cambio drástico, pues de la noche a la mañana tengo que aceptar que mi bebita mi querida hija, ya no la voy a ver nunca mas.
Pero todo esto es hablando y reaccionando en una forma humana. Ninguna persona puede soportar un golpe de esta magnitud tan fácilmente o con tranquilidad. Pero… cuando a aceptamos a Cristo como nuestro Salvador y tenemos el Espíritu Santo en nuestro corazón, todo es totalmente diferente. Por eso cuando llego el momento mas difícil de mi vida, rodeada de mis 6 hijos y tenia frente a mi ese frió ataúd con mi hija Mónica, mi Pastor Daniel me dijo tienes que dejarla ir, tienes que entregársela a Nuestro Padre Celestial y darle las gracias por los años que te permitió compartir tantos momentos tan hermosos con ella, tienes que terminar tu misión que El te dio con ella.
En ese momento sentí que mi Padre Celestial estaba frente a mi y haciendo acopio de todas mis fuerzas y aferrándome a mis hijos que me rodeaban y me sostenían le pude decir ¡Gracias Señor por haberme dado el privilegio de ser su mamá y por haberme permitido ser su amiga y disfrutar de su compañía! Gracias Señor por todos estos años que yo la tuve e mi lado, pero ahora es tu tiempo y tu espacio y te la entrego con mi corazón echo pedazos y sentí la fuerza y el Poder del Espíritu Santo pues me invadió una paz indescriptible difícil de explicar pues yo pude continuar con todo lo demás tan tranquila que no podía entender porque no me ponía a gritar a llorar o aferrarme al cuerpo de mi hija con la desesperación natural de un ser humano en un trance similar
Y así a través de todos estos días y meses transcurridos he tenido momentos en los cuales me a ganado el dolor por la ausencia de mi pequeña muñequita, pero cuando el dolor y la tristeza me agobian levanto mi vista el cielo y primero le pido perdón a Dios por mi debilidad y luego le pido fuerzas para poder continuar con mi misión aquí en la tierra y termino dándole las gracias por demostrarme su infinito amor y misericordia hacia mi a pesar de ser una vil pecadora, y en seguida me lleno de paz de esa hermosa paz que solo El me pude dar.
Gracias Hermanos por todas sus oraciones e inclusive algunos de ustedes me pudieron acompañar en esos momentos de dolor. Gracias por permitirme compartir este hermoso testimonio de la paz que Dios nos da.
|