Mi nombre es Daniel López. Quiero contarles lo que fue mi vida lejos de Dios y cómo El tranformó mi vida.
Yo nací en una familia en que no éramos cristianos. Todo comenzó con un juego que se llama "A que no te atreves". Cuando tenía entre trece y catorce años, me gustaba ir a las fiestas familiares. Mis padres y mis tíos tomaban y bailaban. Mis primos y yo jugábamos a "A que no te atreves". El juego consistía en tomar una lata de cerveza de un solo trago y ver quién era el que podía tomar más. Después ya no era un juego, sino solamente tomar sin límites. Esto pasaba dos o tres veces por año, cada vez que teníamos reuniones familiares.
Cuando tenía diecinueve años me casé. Con mi esposa compramos una casa móvil y un auto nuevo. El hecho de haber salido de la casa de mis padres me dio una sensación de libertad, que ya podía hacer lo que fuera sin que alguien me lo reclamara. Ya no tenía que esconderme y empecé a tomar libremente.
Comencé a hacerlo los fines de semanas, luego pasé a tres veces por semana y después todos los días. Así hasta que un día, con un vecino nos tomamos ocho paquetes de 24 cervezas: 192 latas de cerveza.
Después de ésto, la cerveza no producía el mismo efecto. Por supuesto que yo estaba tratando de llenar un vacío que había en mí. Comencé a tomar licor puro y me sentía mejor. Creí que era todo lo que necesitaba. Pero mi actitud empezó a cambiar y de ser una persona tranquila pasé a ser violento y abusaba verbalmente de mi esposa.
Sentía que necesitaba un cambio, pero no sabía qué clase de cambio ni cómo.
Decidimos vender la casa móvil e hicimos construír otra. Pensé que eso era suficiente y que llenaría el vacío que había en mí. Puse mis ilusiones en un nuevo comienzo tratando que el pasado quedara atrás.
La alegría de vivir en una casa nueva fue grande pero duró muy poco. Me di cuenta que ni mi esposa, ni mis hijos, ni la nueva casa llenaban ese vacío. Me sentía solo, frustrado, que nadie me quería. A cada rato tenía ganas de llorar y así seguí tomando con el deseo de llenar aquel vacío y soledad.
Después comencé a fumar mariguana mezclada con alcohol y estuve en eso por varios años.
El daño que le estaba haciendo a mi esposa y a mis hijos era muy grande, pero en ese momento no lo entendía. Por fin mi esposa, cansada de la situación insoportable, quiso dejarme e irse con mis hijos. Pero mi actitud era muy egoista. No quería dejarla ir y en mi deseperacion por poner detenerla intenté suicidarme. Puse el rifle en mi cabeza y sin pensarlo dos veces, gatillé.
Evidentemente, esos no eran los planes que Dios tenía para mí. En el momento que disparé, mi suegra vio lo que pasaba y empujó el rifle a un lado. La bala pasó rosando mi cabeza y traspasó el techo de la casa.
Cuando mi esposa vio ésto decidió quedarse pero seguíamos teniendo problemas. Aunque le prometí que cambiaría, empeoré porque empecé a consumir cocaina. Ésto me hacía sentir que el mundo era mío y que no me faltaba nada.
Cuando se pasaba el efecto me sentía miserable y no podía con el remordimiento de conciencia porque me daba cuenta que me había gastado todo el dinero y en la casa no había comida y ni siquiera teníamos para comprar un galón de leche o pañales porque me lo había gastado todo en drogas el día anterior.
Buscando quitar el remordimiento trataba de conseguir más droga. Como no tenía dinero logré que me las dieran fiadas, a crédito. El resultado lógico fue que trabajaba y no veía mi sueldo porque debía pagar la deuda y por otro lado, el efecto que la cocaina producía no era suficiente. Necesitaba algo más fuerte.
Una persona me dijo que podíamos cocinarla (así se convierte la cocaina en crack). Yo sabía que esa droga era muy fuerte y que las personas que la habían consumido se convirtieron en adictas. Sentía mucho miedo pero la necesidad de sentir algo así me hizo dejar los temores de lado y quedar adicto. Así fue que pasé a hacerlo todos los días. La adicción era muy grande y para suplirla, como ya no tenía dinero, comencé a robarme a mí mismo. Vendí las pertenencias de la casa como herramientas con que trabajaba, las joyas de mi esposa, el anillo de matrimonio. Cuando ella me preguntó por sus joyas le dije que probablemente el niño las había tomado para jugar y las perdió.
Así constantemente tenía que mentir para tapar lo que estaba haciendo a espaldas de ella que, por supuesto, comenzó a sospechar que algo andaba mal.
Un día nos llegó el cheque del income tax return. Yo estaba ansioso por cambiarlo porque hacía dos días que no consumia droga y andaba desesperado. La convencí de que fuéramos a cambiarlo. Ella no quería porque con ese dinero, pagábamos los impuestos de la casa. Al final lo cambiamos. Le dije que ella lo guardara porque era más responable y no lo gastaría. Esa noche no puede dormir porque me lo había pasado fumando crack. Al día siguiente, a las cinco de la mañana, cuando ella se iba a trabajar, yo estaba sentado en la sala. Como sospechaba algo contó el dinero y notó que le faltaban $500 y me preguntó qué había pasado. Otra vez tuve que mentir. Le dije que me habían dado un ticket por una infracción y que lo había pagado. No me esperaba que me iba a pedir el recibo; así que otra vez tuve que mentir diciendo que había tenido un accidente y para evitar problemas le pagué a la persona ahí mismo. Ella me contestó que teniamos los autos asegurados y que el seguro tenía que pagar. Ya no supe qué decir, ya no tenía salida, todo se había descubierto.
Se puede hacer cosas a escondidas de los demás; pero, con el tiempo, todo sale a la luz. Ese tiempo había llegado para mí, ya no podía seguir esocndiéndome, había tocado fondo.
Por eso junté a mis padres y a mi esposa y les dije toda la verdad. Sentía que necesitaba ayuda y, para eso, tenía que decir lo que estaba pasando conmigo. Fue un golpe muy duro para ellos. Nunca se esperaban algo así. Mi esposa se sentía defraudada porque trabajaba toda la noche para poder cuidar los hijos durante el día. Y yo, mientras ella estaba en el trabajo andaba haciendo drogas y gastando el dinero que ella ganaba.
Mi esposa manifestó su deseo de divorciarse. Mi papá le dijo que la comprendía pero que yo era su hijo y no me iba a dejar solo. Me llevó a un hospital y allí me dijeron que ellos no me podían ayudar; era algo que yo tenía que lograr solo, internándome en un centro para adictos, para que poco a poco dejara la adicción, pero que siempre iba a ser un adicto.
Por ese tiempo, mi esposa conoció a una compañera de trabajo. Su nombre es Magdalena Cortés. Por alguna razón, que solo el Todopo-deroso Dios sabe, mi esposa se sintió en confianza para contarle lo que pasaba. Magdalena escuchó en silencio y al final la invitó a asistir a la Iglesia a la que ella pertenecía diciéndole que solo Dios tiene solución a todos los problemas.
Esto pasó un viernes. Al domingo siguiente toda la familia asistimos a la Iglesia del Amor. Ese día Dios me sanó. Cuando el pastor hizo la invitación a entregar toda la vida a Cristo, a dejarlo que El cambiara mi vida, yo tomé esa decisión. Me sentía muy mal porque hacía cuatro días qué eno consumía droga. Mi cuerpo me dolía y temblaba, sudaba y estaba muy débil.
Caminé hasta el frente, respondiendo a la invitación que hizo el pastor. Lo hice de todo corazón y me rendí totalmente a El. Le pedí que hiciera lo que quisiera pero que quitara de mí aquello que sentía y la adicción a las drogas.
Al terminar todo, sentí que mi cuerpo dejó de temblar. Sentí gozo, quería reirme, me sentía una persona nueva, ya no me sentía sucio.
Me sentía feliz y no entendía lo que me estaba pasando. Dios me había limpiado y había puesto su Espíritu en mí. Era una nueva persona. Me parecía que era un niño porque tenía muchas preguntas que quería hacer para conocer más de Dios.
Cuando regresé a mi asiento, comencé a pensar que algo no estaba bien. ¿Cómo era que el pastor conocía mi vida por todo lo que dijo durante el sermón? En ese momento pensé que mi esposa y su amiga, que hoy es como una madre para mí, le habían contado todo. Ese mismo domingo, a la tarde, lo llamé por teléfono al pastor y le pregunté si mi esposa o su amiga le habían dicho cosas de mí. El me contestó que no me conocía y que no sabía que yo iba a asistir; quiere decir que fue Dios que me estaba hablando directamente a mí a través de él. Fue cuando entendí que Dios tenía un propósito para mí.
Desde ese día, no hago más drogas ni he tomado ningún tipo de alcohol. Mi esposa y mis hijos están conmigo, porque el Señor, no solo me cambió a mí, sino que quitó el rencor que había en el corazón de mi esposa. Ahora somos una familia que adora al Señor. Le hablé a mis padres y a mis hermanas y, al ver lo que Dios hizo en nosotros y el gozo que tenemos, también se sumaron a la Iglesia y recibieron a Jesús como su Salvador.
Si estás pasando por algún tipo de problemas, sea de lo que sea, (familiar, económico, alcohol, drogas), si sientes que nadie te quiere, yo te digo que no importa lo que hayas hecho. En Cristo Jesus hay solución. El tiene un propósito para tu vida. Dios te quiere tanto que dejó a su Único Hijo apra que muriera en la cruz por ti y por mí. Todo lo que tienes que hacer es pedirle perdón y aceptar el amor que Cristo te ofrece y la nueva vida que te puede dar. Por qué no oras diciéndole:
Señor Jesús, sé que soy pecador y necesito tu perdón. Sé que moriste por mí en la cruz. Me arrepiento de mis pecados, te pido perdón y que vengas a vivir en mi corazón y tomes control de mi vida. En este momento te confieso como mi Salvador y prometo seguirte como Señor. Gracias por haberme salvado. Amén.
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