Mi nombre es Ana Amaya. Mi esposo y yo tenemos dos hijos Carlos y Marcos que están en la fuerzas armadas.
Cuando se vivía el proceso de que la guerra estaba por empezar no teníamos noticias de nuestro hijo Carlos que había sido enviado hacia el medio oriente.
El 20 de Febrero recibimos una carta en la que nos decía que todo estaba bien y que cuando llegara a tierra nos iba a volver a escribir. Al leer ésto di vuelta el sobre y me di cuenta que la carta hacía 30 días que venía en camino. Quiere decir que no sabíamos con exactitud que estaba pasando en ese momento.
Entre tanto, la Iglesia lo tenía en oración.
El 17 de Marzo recibí una llamada en mi lugar de trabajo. No sabía cual de los hijos me llamaba. Era mi hijo Carlos. Como es de imaginar le pregunté mil cosas. Me dijo que estaba bien; que solo tenía 5 minutos. Con la voz quebrada me mencionó que hubiera querido hablar con su papá y su hermano también; pero no se podía.
“Dígale a mi papi que siempre lo he querido mucho, lo mismo a Marcos y a usted también”
Me comentó que se tenían que acostar temprano porque iban a salir por unos pocos días.
Para mí esa llamada era una despedida entonces le expresé mi amor y que para nosotros había sido el mejor hijo del mundo y que nos llenaba de orgullo. “Haga su trabajo lo mejor que pueda,” le dije “y acuérdese que Dios va a estar con usted en todo momento; acuérdese que los milagros existen, Dios te bendiga a ti y a los que están contigo,”
Me contestó: “Que Dios los bendiga a ustedes también por ser mis padres”
Y colgó
La Iglesia seguía orando por él.
Imagínense con qué dolor le conté a mi esposo sobre la llamada de Carlos y que estaba en Kuwait. Los dos teníamos lágrimas y mi esposo me contestó: “Va a volver”.
Esa noche se terminó el plazo y empezó la guerra. Cuando lo supimos a través de la televisión, nos encontramos en la sala, con mi esposo, nos abrazamos y lloramos. En ese momento sonó el teléfono. Era el pastor así que tomé el otro telefono y oramos juntos.
El domingo 23 de marzo estábamos listos para venir a la Iglesia y teníamos el televisor prendido. De pronto vimos 4 ó 5 soldados muertos. En ese momento un iraquí tomó del cabello a un soldado muerto y lo puso frente a la camara. Yo creí que se trataba de mi hijo.
Al día siguiente, 24 de marzo, estaba orando de rodillas y le pedia al Señor por mi hijo. Sentí que el Señor me llamaba la atención porque en ese lugar no estaba solo mi hijo. Le pedí perdón al Señor. En ese momento sentí algo que jamás había sentido y un calor tremendo así estuve un rato y luego tuve que cambiarme la ropa por lo mucho que había transpirado.
Ahora estaba entre triste y feliz. Pasó un par de días y cuando mi esposo vuelve del trabajo llamaron a la puerta. Nos venian a avisar que a Carlos lo habían herido, que estaba en un Hospital en España, pero que estaba bien.
Luego supe que ese día, 24 de marzo, que estaba orando y reconociendo que no solo tenía que pedir por mi hijo, Dios lo estaba sacando de ese lugar y a mí me sacaba de mi aflicción.
Al día siguiento tuve el gozo de poder hablar con él, aunque estaba bajo el efecto de la anestesia.
Luego vinieron los honores, entrevistas, reconocimentos e inclusive la visita del vice presidente de mi pais, El Salvador, para condecorarlo.
La gloria sea para el Señor, nuestro Padre que siempre protege a sus hijos.
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